27 de noviembre de 2021

Descapotables radicales: el placer de conducir al aire libre

Thomas Geiger (dpa) – Sin parabrisas, ventanas laterales o techo. Un solo toque del acelerador es suficiente para catapultar al McLaren Elva de 0 a 100 km/h en 2,8 segundos. Bajo el capó trasero ruge un motor V8 con 599 kW/815 CV y 800 Nm.

El Elva es uno de los «roadsters» de carretera más radicales del mercado, y, como tal, está destinado a los amantes de la adrenalina al volante.

Mientras que otros fabricantes de coches deportivos biplaza ofrecen a sus clientes deflectores de viento, así como asientos y reposacabezas calefaccionados, los ocupantes del McLaren carecen de toda protección. Estos van sentados como en una bañera con ruedas que, según la compañía, puede alcanzar velocidades de hasta 328 km/h a pleno rendimiento.

A estas velocidades, los insectos que golpean en la cara pueden sentirse como perdigones, y es por eso que el fabricante británico afirma haber tomado todas las precauciones: en el pequeño maletero detrás del motor, por ejemplo, hay un casco a medida y unas gafas protectoras.

En la parte delantera, el vehículo equipa un sistema especial que reconduce el flujo de aire creando una suerte de cúpula que protege a los ocupantes, al menos a velocidades moderadas de hasta 200 km/h.

A velocidades más elevadas, sin embargo, el escudo de 15 centímetros de altura del «Active Air Management System» o Sistema de Gestión de Aire Activo se replegará automáticamente.

McLaren no es el único fabricante que expone a sus clientes a estos golpes de adrenalina. Utilizando un concepto muy similar, pero sin trucos aerodinámicos, Aston Martin apela con el V12 Speedster a clientes no solo adinerados, sino también más osados.

Este biplaza también escatima en el techo y las ventanillas, y, según el fabricante, ofrece en su lugar un rendimiento espectacular: el motor biturbo V12 de 5,2 litros y con 515 kW/700 CV entrega una velocidad máxima de 300 km/h.

Ferrari tiene incluso dos «roadsters» de este tipo en su gama, el Monza SP1 y el SP2, que ciertamente solo se diferencian en el número de asientos que tienen: el primero es un monoplaza, el SP2 ofrece sitio para dos ocupantes.

Según el fabricante, ambos están basados en el Ferrari 812 y cuentan con un motor V12 de 596 kW/810 CV capaz de alcanzar velocidades superiores a los 300 km/h. El Monza también cuenta con un deflector de aire delante del habitáculo a modo de parabrisas virtual para evitar que el viento moleste a los ocupantes.

Ferrari suministra el coche con un casco, un mono de competición, un jersey de lana merina, un gorro, guantes, una bufanda y zapatos.

Estos deportivos son extremos también en los precios: los 1,7 millones de euros (aproximadamente 2 millones de dólares estadounidenses) oficiales del Elva, los supuestos 1,6 millones de euros de los Ferrari y los algo menos de 900.000 euros del Aston Martin convierten a los descapotables en un placer que solo unos pocos pueden permitirse, sobre todo porque, según los fabricantes, los coches son ediciones limitadas.

El McLaren se producirá 149 veces, del Aston Martin habrá solo 88 unidades y Ferrari también habla de una pequeña serie, sin precisar precio o número de unidades.

Estos obstáculos, sin embargo, no necesariamente implican tener que renunciar al placer de conducir uno de estos magníficos descapotables de altas prestaciones. Al fin y al cabo, la idea de un «roadster» radical no es nueva, y con un poco de suerte se puede encontrar uno por precios más asequibles en el mercado de coches usados.

Esto no significa que el Mercedes SLR 722 Stirling Moss, por ejemplo, se pueda conseguir mucho más barato. Esta edición especial de 75 unidades biplaza de 478 kW/650 CV fue fabricada por McLaren en 2009 una vez finalizada la producción del Mercedes SLR McLaren 722 en la planta de Mercedes-Benz en Stuttgart. En la actualidad, el coche se comercializa en el mercado de usados a precios más elevados que en el momento de su lanzamiento al mercado.

Sin embargo, también hay tres modelos similares más asequibles. Lotus construyó el 2-Eleven, basado en el Elise, de 2007 a 2011. El deportivo, con 188 kW/256 CV y una velocidad máxima de 241 km/h, no llegó a costar 60.000 euros (aproximadamente 71.000 dólares estadounidenses), y hoy en día se puede encontrar en Internet también por precios de cinco dígitos.

El Renault Spider, respuesta de los franceses al auge provocado por el Mercedes SLK y el Audi TT, es incluso más económico. El Spider, lanzado al mercado en 1995, se compone solo de chasis, motor y un bastidor de tubos de celosía alrededor del cual se montó un mínimo de piezas de carrocería.

Al principio, los franceses ni siquiera proporcionaron un parabrisas, por no hablar de ventanas laterales o techo. Debido a la construcción de aluminio y la carrocería de plástico de algo menos de 3,80 metros de largo y solo 1,25 metros de altura, el Spider pesa solo 930 kilos, unos 400 kilos menos que un Audi TT.

El motor de cuatro cilindros detrás de los asientos y los 108 kW/147 CV y 185 Nm son suficientes para brindar una experiencia de conducción espectacular: acelera de 0 a 100 km/h en 6,9 segundos y la velocidad máxima de 215 km/h se siente más rápida que en cualquier Ferrari.

En su momento, el Renault Spider costó algo menos de 55.000 euros; los coleccionistas estiman su valor actual en unos 40.000 euros. En el mercado aún se pueden encontrar algunas de las 1.500 unidades producidas.

El coche más inusual de este tipo es, sin duda alguna, el Smart Crossblade de 2002 y 2003. Con los 52 kW/70 CV proporcionados por un propulsor de tres cilindros en la parte trasera, este pequeño coche tiene un motor más débil que los biplaza radicales de igual diseño. La velocidad máxima oficial no supera los 135 km/h.

Este Mercedes en miniatura carece de ventanillas y las puertas fueron sustituidas por barras laterales metálicas de apertura vertical. Por cierto, la edición del Crossblade también fue limitada y solo se construyeron 1995 unidades.

En aquella época, el microcoche costaba apenas 25 000 euros, precio por el que hoy se consigue un Smart Fortwo descapotable nuevo. El Crossblade se puede comprar usado por un precio aún más modesto.

El tipo de diseño radical no es tan nuevo. Todo lo contrario: según Ralph Wagenknecht, portavoz del Museo Mercedes-Benz en Stuttgart, este estilo de construcción se remonta a los inicios del automóvil. Al fin y al cabo, el vehículo patentado por Carl Benz en 1886 se considera el primer coche del mundo con un asiento al aire libre.

También es verdad que al volante de la histórica pieza no había motivo para temer los golpes de insectos en la cara: su motor de 3 CV de potencia a 450 rpm solo le permitía alcanzar una velocidad de 16 km/h.